miércoles, marzo 07, 2007

"Derecha extrema"

Es reconfortante saber a dónde le colocan a uno. Saberse clasificado, etiquetado, encasillado, convenientemente empaquetado y listo para el consumo. Fast food ideológico, abrefácil intelectual. Así se funciona en política, mucho más entre aquellos cuyo argumentario no pasa de ser una papilla apta para cualquier necio, sin necesidad de masticar.


Yo creía que era un liberal pero resulta que no. Me entero de que pertenezco a una extraña logia o mafia, que pérfidamente maneja los hilos de la oposición y que amenaza con extenderse como mancha de alquitrán (no me dejan decir chapapote) por la democrática y progresista sociedad española. Resulta que soy un apestado, un enemigo de los valores democráticos, un fanático peligroso, un intransigente y poco queda para que me acusen de comerme a los niños. Me dicen que pertenezco a algo cuya mera pronunciación produce espanto: “la derecha extrema”, nada menos. Yo ingenuo me pregunto ¿qué es?


¿A quién se le ocurrió la fantástica idea? ¿Surgió en un brainstorm de mercadotecnia electoral? ¿Fue producto de un exhaustivo análisis del mercado de votantes? ¿Se elaboró gracias a las más refinadas técnicas de construcción de tendencias? Me temo que no. No, no estamos ante nada nuevo, antes al contrario. Estamos ante algo viejo y manido, algo que conocemos desde hace ya mucho tiempo, algo rancio y caduco; pero que puede funcionar en determinados páramos de ignorancia y sectarismo. Tiene diversos nombres, pero durante un tiempo se llamó agitprop.


Derecha extrema, y no extrema derecha, porque todos sabemos lo que significa la extrema derecha. Inventar un neologismo es inventar una categoría nueva, y a veces no hay que preocuparse si quiera por su contenido o realidad, basta con hacer rodar la retórica, que algo queda. Cualquiera mínimamente avisado, sabe que hablar de extrema derecha en España es hablar de algo testimonial o muy minoritario en todo caso: brazos en alto, camisas azules, nostalgias franquistas…ciertamente se ven muy poco, tampoco los grupos neonazis y xenófobos, arrinconados en la marginalidad y los estadios de fútbol. La extrema derecha en España, tiene un impacto insignificante en la vida pública, mal que le pese a alguna una izquierda delirante y paranoica que se siente rodeada de fascistas allá donde levanta los ojos. Otro caso es el de Europa donde en algunos países se ha logrado consolidar como una opción política significativa. Resulta ridículo, por tanto, acusar a un amplísimo segmento de la sociedad española de “extrema derecha”. Pero no todo está perdido para los mantenedores del ideario progre, basta con invertir los términos, puesto que no hay extrema derecha, nos sacamos de la manga la derecha extrema. Y una vez creado el término, las reglas básicas del agitprop dictan que hay que repetirlo hasta la nausea, hasta que acabe calando.


Derecha extrema: es como la extrema derecha pero menos chusca. Igual de peligrosa, puesto que remite a los mismos términos, pero perfectamente identificable en un amplio sector del electorado, dirán ellos. Es un fenómeno nuevo, por tanto no puede dejar de existir, independientemente de que tenga algún contenido o no. Y es un cajón desastre en el cual meter todo aquello que pueda poner en cuestión la papilla progre. Liberales, conservadores, democristianos, socialistas arrepentidos,… lo que sea. En definitiva: el enemigo.


Así pues, ¿qué es la derecha extrema? La derecha extrema no es nada. Es un espantajo, fruto de una reducción simplista e infantil. Es un monstruo imaginario, depositario de todas las maldades que reforzará la cohesión sectaria, y de paso atemorizará a los tibios. Es una idea-fuerza cuya potencia se encuentra precisamente en su indefinición, puro humo, retórica absurda con la que calmar conciencias y mascar palabras que llenen hueras argumentaciones.


Derecha extrema, nada. Y por ello mismo todo.


Valencia siete de Marzo. Aire apocalíptico, nubes que pasan raudas dejando un fugaz recuerdo de efímeras gotas.


P.D. Estúpidos hasta en la maldad. Señalan y con ello reconocen su culpa. Y no se dan cuenta.

1 comentario:

marce dijo...

A mi que ciertos energumenos me digan que soy de la derecha extrema me parece un piropo.