lunes, diciembre 04, 2006

Marcello

Hubo un tiempo que quise ser Marcello. Hubo un tiempo que pretendí que mi vida transcurriera entre lo banal y lo profundo, no era el único, muchos nos creímos así.

Pasear por Via Veneto a la caza de emociones -¡eh Paparazzo, dónde vas!-, dejar que la indolencia se apodere de uno, vivir sin compromisos, sumergirme en lo trivial. Al mismo tiempo creer se está por encima de todo ello, sentirse llamado para cosa serias. Vivía en esa zona de sombra –de semiclaridad-, entre lo divino y lo humano, sin estar más de un sitio que de otro, aprovechando lo bueno de ambos mundos, creía que era posible, y parecía tan fácil.

Tú también, Marcello, fuiste tú quien me mostraste el camino, ¿recuerdas? Yo si me acuerdo. Me acuerdo de aquel viaje en helicóptero escoltando a un Cristo por los cielos de Roma, aquellas chicas que tomaban el sol en la terraza, no pudimos oír lo que nos decían. Y de Paparazzo, ¿te acuerdas?, ¿Qué habrá sido de él? No, yo tampoco lo sé, siempre estaba en Via Veneto siguiéndonos, a la caza de su codiciada foto. Por Via Veneto ya no pasea nadie, ni tú, ni yo. Ella tampoco. Y aquella actriz americana, ¿cómo se llamaba? Vino con aquel marido tan celoso que no paraba de beber, te quedaste prendido de ella, vi cómo la mirabas mientras se bañaba en la Fontana de Trevi, estábamos solos, ella con su vestido negro y aquella melena rubia, tú y yo. Sí, yo también me acuerdo de Steiner, ¿qué pasó? ¿Cómo pudo suceder aquello? Nunca lo entendimos. Tenía una vida perfecta, y era él quien creía en nosotros, ¿recuerdas aquellas reuniones en su casa? Eran tan distintas a todo, allí la vida cobraba sentido, nos sentíamos llamados a realizar algo importante, sí, tú y yo. Steiner se mató, y mató a sus hijos, ¿por qué? Sí, lo siento, convenimos en no volver a mencionarlo, pero aquello lo cambió todo ¿verdad? ¿Recuerdas aquel monstruo varado en la playa aquel amanecer? Lo vimos, y ambos supimos lo que significaba.

¿Qué es de tu vida Marcello? Hace tiempo que no se nada de ti, ¿acabaste tu novela? ¿No? No importa, yo tampoco he hecho nada importante, seguimos donde estábamos, sin tocar el cielo ni el infierno. Sé que te casaste con…¿cómo se llama? Ah, si, olvidé su nombre, es una buena chica, te conviene, algo celosa, pero te quiere


Lo sabes, ¿verdad Marcello? Por eso estamos recordando todo aquello: sí, la he visto.

¿Dónde? Qué importa dónde, en una calle cualquiera. Estaba parada en un semáforo esperando a pasar. Sigue igual, sabes Marcello, el mismo corte de pelo, las mismas gafas oscuras mirando ¿a qué, a quién? No, no le he dicho nada, tampoco me ha visto. La seguí con la mirada unos instantes, la perdí cuando dobló la esquina. ¿Quién era Anouk, Marcello? Ni tú, ni yo lo supimos. Jamás nos perteneció, jamás. Nos queda su recuerdo, Marcello, y es lo único que nos une ya. Sí, hoy he visto a Anouk, no le dije nada. Nos vemos Marcello, ya te llamaré…Adiós.


Valencia, cuatro de Diciembre de 2006. Tan rápido como vino, se marchó el invierno. Cálido viento de poniente, volvió el calor. Es casi Navidad, empieza a resultar un poco pesado.

P.D. Dos dictadores agonizan. Uno envuelto en un misterio impenetrable, el otro pidiendo la extremaunción. Y yo estoy feliz. Ambos mueren con varias décadas de retraso. Alimañas.

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